miércoles, 7 de marzo de 2007

Fragmento


«- Para hacer un ritual de magia negra - respondió la mujer soltando el humo, voluptuosa, una serie de aros que se desplazaron fuera de la pequeña zona de luz. - ¿Y esas cosas funcionan? - preguntó el Poeta, tratando a su vez de hacer aritos con el humo de su cigarrillo y fracasando. - No lo sé. Yo creo y no creo en la magia, pero creo que los que creen pueden hacer cosas terribles con ella. He visto morir de consunción a un hombre que se creía hechizado y he visto llover bajo el conjuro de una comunidad que creía que podía hacer llover. A veces sé lo que la gente piensa y muchas veces puede sentir una presencia maligna, como si dejara un residuo de olor a mierda en torno suyo. Sé hacer tés para evitar los cólicos menstruales y otros para que la gente se olvide de amores desgraciados, y cuando miro fijamente el fuego creo que descubro sombras del futuro que a veces se realizan y otras veces no. Como verá, no soy una fuente de certezas.
El Poeta estaba a punto de babear, la mujer lo tenía absolutamente cautivado. La gracia con la que movía el brazo desnudo con el que fumaba el cigarrillo, la mirada socarrona, media sonrisa permanentemente en sus labios, el aire de tristeza, la energía.»
Retornamos como sombras, P. I. Taibo II
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Imagen: Espalda desnuda de una mujer sentada, Diego Rivera, 1926

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